Una afirmación frecuente en el diálogo interreligioso superficial sostiene que cristianos y musulmanes «creemos en lo mismo». La diplomacia ecuménica o la buena voluntad cívica suelen difuminar fronteras doctrinales que, vistas a la luz de la teología dogmática y la exégesis bíblica, son profundas e irreconciliables.
En resumen: es irrelevante que los musulmanes llamen Dios a su Dios (Alá es una forma de decir «El Dios» en árabe). Nuestra Fe es muy diferente.
Una afirmación frecuente en el diálogo contemporáneo sostiene que cristianos y musulmanes «creemos en lo mismo». La diplomacia o la concordia cívica suelen difuminar fronteras doctrinales que, analizadas con rigor a la luz de la revelación bíblica y la teología dogmática, son profundas e irreconciliables. Ante estas equiparaciones simplistas, la Escritura nos advierte:
«Examínenlo todo y quédense con lo bueno» (1 Tesalonicenses 5, 21).
«Queridos míos, no se fíen de cualquier espíritu, sino examinen si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo» (1 Juan 4, 1).
El discernimiento teológico exige distinguir entre el referente ontológico formal (a quién se busca señalar como Creador) y la comprensión revelada de su ser íntimo (cómo es ese Dios y cómo entra en comunión con el hombre). Si bien la Iglesia reconoce formalmente que el islam se orienta hacia el Dios único de Abrahán, la fe cristiana profesa un misterio radicalmente distinto al que proclama el Corán.
1. El reconocimiento formal frente al abismo dogmático
El Concilio Vaticano II precisó el estatuto del islam en la constitución dogmática Lumen Gentium (n. 16) y en la declaración Nostra Aetate (n. 3), enseñanzas recogidas en el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 841). La Iglesia enseña que los musulmanes «profesando tener la fe de Abrahán, adoran con nosotros a un solo Dios, compasivo, que juzgará a los hombres en el último día». Lingüísticamente, Allāh (الله) es el vocablo árabe para designar a Dios, empleado históricamente también por cristianos y judíos de habla árabe. En un sentido formal, ambas confesiones coinciden en señalar al Creador incausado, eterno, omnipotente y trascendente del cosmos, rechazando de plano el politeísmo y el panteísmo.
Sin embargo, en el instante en que ese Dios se autocomunica, la coincidencia formal da paso a una divergencia insalvable en cuatro pilares doctrinales:
- La Trinidad: Para el cristianismo, Dios es una sola sustancia en tres Personas divinas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios es comunión eterna de amor. En el islam, el principio rector es el Tawhid (la unicidad estricta y monolítica). Para el dogma coránico, concebir a Dios como Trinidad no es un misterio de fe, sino una abominación y una forma de politeísmo o asociación (shirk), el pecado más grave: «No digáis: «Tres». ¡Basta ya! Es mejor para vosotros. Dios es un Dios Único» (Sura 4, 171).
- La Encarnación y Cristología: El núcleo de la fe católica es la Encarnación:«Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad» (Juan 1, 14).Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, quien:«siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres» (Filipenses 2, 6-7).En el Corán, Jesús (Isa al-Masih) es un profeta y mensajero de altísima dignidad, pero únicamente una criatura modelada del barro como Adán. El islam rechaza categóricamente la filiación divina de Cristo y su muerte redentora en la cruz: «No le mataron ni le crucificaron, sino que les pareció así» (Sura 4, 157); «Dios no ha engendrado ni ha sido engendrado» (Sura 112, 3).
- Filiación adoptiva frente a servidumbre: En Cristo, el creyente es constituido verdadero hijo adoptivo de Dios:«Pues no han recibido un espíritu de esclavitud para recaer en el temor, antes bien, han recibido un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre!» (Romanos 8, 15).Hay una auténtica comunión y participación en la vida divina por la gracia santificante. En la teología islámica, Dios es el Soberano absoluto (Rabb) y el ser humano es siempre su siervo (‘abd). Aplicar a Dios la categoría de «Padre» se considera una degradación impropia de su trascendencia.
- La cumbre de la Revelación: Para el catolicismo, la plenitud de la Revelación no es un libro, sino una Persona viva:«Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo a quien instituyó heredero de todo, por quien también hizo los mundos» (Hebreos 1, 1-2).Para el islam, la revelación definitiva culmina en un texto increado y descendido: el Corán.
2. La Sagrada Escritura frente al texto coránico
La divergencia entre ambas fes se manifiesta con idéntica fuerza en el estatuto de sus textos sagrados. Al contrastar la Biblia católica —leída bajo los principios exegéticos de la Biblia de Jerusalén Latinoamericana— con el Corán, emergen diferencias de fondo sobre cómo Dios habla a la humanidad:
| Eje doctrinal | Biblia Católica | El Corán (Al-Qur’ān) |
| Naturaleza de la revelación | Encarnacional e histórica: Dios se revela progresivamente en los acontecimientos de la historia de salvación mediante obras y palabras intrínsecamente ligadas (Dei Verbum, n. 2). | Textual y descendente (Tanzīl): La palabra eterna e increada de Dios transcrita en el «Libro Matriz» celestial (Umm al-Kitāb) y dictada al mundo. |
| Modo de inspiración | Concurrencia teándrica: Dios es el autor principal, pero los hagiógrafos son verdaderos autores que aportaron su contexto, facultades y géneros literarios (Dei Verbum, n. 11). | Dictado literal (Waḥy): El arcángel Gabriel dictó cada término en árabe sin intervención, estilo ni mediación psicológica de Mahoma. |
| Composición y tiempo | 73 libros forjados a lo largo de más de un milenio (siglo X a.C. a siglo I d.C.) en hebreo, arameo y griego, con multiplicidad de géneros literarios. | Un único libro de 114 suras, fijado en un marco de 23 años (610-632 d.C.) y estandarizado bajo el califa Uthmān hacia el 650 d.C. |
| Traducibilidad | Universalmente traducible: La encarnación del Verbo valida que la Palabra divina se exprese con fidelidad en cualquier lengua humana. | Intrínsecamente árabe: Solo el texto en lengua árabe clásica es el Corán litúrgico y formal; toda versión en otra lengua es mera paráfrasis. |
| Antropología y redención | Ruptura ontológica: El pecado rompió la comunión con Dios, haciendo indispensable la Redención por la cruz: «pero al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la condición de hijos» (Gálatas 4, 4-5). | Olvido y debilidad: Adán cometió una falta que fue perdonada inmediatamente; no hay pecado original transmitido ni necesidad de sacrificio expiatorio. |
| Visión mutua de los textos | El Nuevo Testamento es el cumplimiento definitivo del Antiguo dentro de la pedagogía divina de la Alianza. | Sostiene la doctrina del Taḥrīf (corrupción textual): afirma que la Torá y el Evangelio originales fueron alterados por judíos y cristianos, siendo el Corán su restauración incorruptible. |
El uso genérico de la palabra «Dios» en el diálogo social no debe inducir a confusión. Decir que cristianos y musulmanes adoran al Dios de Abrahán señala un origen monoteísta común frente a la idolatría y el materialismo.
Sin embargo, el contenido de la fe es radicalmente distinto. El creyente católico pone su fe en el Dios Trino —Padre providente, Hijo encarnado y Redentor, Espíritu Santo santificador— que introduce al hombre en su propia intimidad filial. El musulmán adora a un Soberano solitario e impenetrable, cuyo decreto exige sumisión, pero cuya vida íntima permanece para siempre clausurada a la comunión con la criatura. Creer en el Dios cristiano es, en su raíz misma, una realidad irreductible a la fe en Alá.
Con respecto a qué creemos los católicos: