Los «hermanos» de Jesús (no lo son)

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De la Biblia se desprende que María fue siempre virgen, pero hay quienes alegan  que no fue así. Primero, porque los evangelios dicen que Jesús tuvo hermanos (como si la palabra solamente tuviera un sentido) y segundo porque según Mateo, habría tenido relaciones sexuales con José. Respondamos cada punto.

1. No hay un solo texto bíblico que indique que María tuvo otros hijos

La discusión sobre si, conforme la Biblia, María tuvo otros hijos, termina antes de empezar, porque no hay un solo texto bíblico que diga tal cosa. Es más, hay un texto que distingue entre Jesús como hijo de María, de los otros presuntos hermanos:

«Pero no es más que el carpintero, el hijo de María; es un hermano de Santiago, de Joset, de Judas y Simón. ¿Y sus hermanas no están aquí entre nosotros?” Se escandalizaban y no lo reconocían.» (Mc 6, 3)

El hijo de María es Jesús. Los otros son otra cosa. Falta ahora saber qué relación está detrás de la palabra «hermano».

2. La lectura literal no cabe en esos pasajes

Sostener que los pasajes que tratan de los hermanos de Jesús necesariamente se refiere a hermanos carnales es insostenible. Sí, allí está la palabra «hermanos»o «hermanas», pero también está en el Nuevo Testamento la afirmación de que Jesús es hijo de José. Veamos primero Juan, en cuyo evangelio se encuentra lo siguiente:

«Felipe se encontró con Natanael y le dijo: “Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la Ley y también los profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret.”» (Juan 1:45; he resaltado)

Necesariamente están hablando de una percepción, no de una declaración de naturaleza, comoquiera que definitivamente Jesús no es hijo de José, sino de Dios y concebido por obra del Espíritu Santo. Lo mismo se aplica en uno de los textos que hablan de hermanos de Jesús:

» ¿No es éste el hijo del carpintero? ¡Pero si su madre es María, y sus hermanos son Santiago, y José, y Simón, y Judas! Sus hermanas también están todas entre nosotros, ¿no es cierto? ¿De dónde, entonces, le viene todo eso?” Ellos se escandalizaban y no lo reconocían.» (Mt 13:55-56)

En la cita anterior, si usted toma literalmente la frase sobre hermanos y hermanos, entonces no puede dejar de tomar literalmente la expresión «hijo del carpintero». Entonces la interpretación es obligada. Es claro que el texto no es declaración de naturaleza tampoco, sino expresión de vínculo secundaria al propósito del relato: mostrar quiénes son verdaderamente hermanos de Jesús y, por consecuencia, hijos de Dios., que por cierto no somos todos automáticamente (ver ¿Todos somos hijos de dios? en este site). No debe olvidarse que Mateo, con Lucas, son los dos evangelistas que tratan explícitamente el tema de la concepción virginal, entonces por este otro punto claramente tampoco puede entenderse un vínculo biológico entre José y Jesús. Cuando Lucas propone su versión de la genealogía de Jesús, presenta la relación como es:

«Jesús ya había pasado los treinta años de edad cuando comenzó. Para todos era el hijo de José, hijo de Helí,…» (Lc 3:25)

Se refiere a lo que suponía el común de las personas, no a la realidad de las cosas, salvo desde luego la realidad teológica, que es la que interesa.

3. Los «hermanos de Jesús

Escribe Mateo:

«Mientras Jesús estaba todavía hablando a la muchedumbre, su madre y sus hermanos estaban de pie afuera, pues querían hablar con él. Alguien le dijo: ‘Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren hablar contigo'» (Mt 12, 46; los textos paralelos son Mc 3, 31 y Lc 8, 19)

Pero la palabra «hermano» (exactamente la misma palabra que está en el original griego) puede designar parientes cercanos, o incluso los miembros de la comunidad (Justamente en Mt 12, 49, el mismo término -adelfoi- se usa en este segundo sentido, o si lo prefieren lean Mt 5,22, texto en el cual a nadie se le ocurrirá que se trata de hermanos carnales -es el mismo término en grieg de Mt 12,49-). Aunque el evangelio de Mateo hoy en día se reconoce como escrito originalmente en griego, su autor es de origen judío, y en la tierra de Jesús la palabra «hermano» se usaba para parientes, y de tal uso hay muchísimos ejemplos en la Biblia: es el caso de Lot y Abraham (el uno sobrino y el otro tío, lee Gn 11, 28, allí) quienes en varias partes son llamados «hermanos» ( Gn 13, 8 y Gn 14, 14), para no citar sino un ejemplo.

Pero volvamos al entendimiento de Mt 12, 46. El ataque típico es: si no eran hermanos sino primos, ¿porqué no dice «primos», como ocurre en Col 4, 10 donde Pablo usa la palabra griega para «primo»? Seamos honestos. Si hay algo que NO PUEDE DECIR AHI en los evangelios en los pasajes que venimos comentando es precisamente «hermanos»; necesariamente los escritores sagrados querían decir otra cosa. ¿O en qué piensa usted, cuando trae a la mente la palabra «hermano»? ¿Qué es lo primero que se le ocurre cuando oye hablar de los «hermanos» de alguien? En hijos de los mismos padre y madre. Eso imposible en el caso de Jesús, quien no fue engendrado con intervención humana salvo la de María, de manera que necesariamente la palabra «hermano» debe matizarse allí. Hay otra razón, y es que para la claridad de la perícopa era preciso utilizar la terminología («la madre y los hermanos»), por cuanto está representando al pueblo de Israel, quien ya no será más la exclusiva familia de Dios, sino que lo será toda la humanidad, como creían los judíos, pues por algo la perícopa termina con la indicación de que «la madre y los hermanos de Jesús» son quienes cumplen con la voluntad de Dios. Leamos cómo termina Jesús el episodio:

«Tomen a cualquiera que cumpla la voluntad de mi Padre de los Cielos, y ése es para mí un hermano, una hermana o una madre» (Mt 12, 50)

Ese es el sentido de la perícopa, el cual no varía en las tres versiones del episodio de Mt (12, 46-50), Mc (3, 31-35) y Lc (8, 19-21), así que la mención de «hermanos» de Jesús es meramente instrumental..

Alguien dirá: Pablo usa la palabra «primo» en Col 4, 10, de modo que sí pudieron haber dicho «primos» en lugar de «hermanos». Ocurre que Pablo, ciudadano romano y quien dominaba griego, escribe y habla en griego, y se dirige a una audiencia de lengua griega que conoce a ese primo («Marcos, primo de Bernabé…»). No podía haber hablado de otra forma, además, ya sabemos que el sentido del pasaje donde los evangelistas hablan de los «hermanos» de Jesús demandaba el uso de las palabra para hacerlo entendible, pues las doce tribus de Israel eran de hermanos carnales, no de primos.

Debo insistir, como comenté rápidamente antes, en que los judíos creían ser el pueblo elegido por méritos propios, cuando en realidad no lo eran. Por eso Jesús advierte quiénes son sus «hermanos». La elección de Israel fue por puro amor:

«Yavé se ha ligado a ti, y te ha elegido, no por ser el más numeroso de todos los pueblos (al contrario, eres el menos numeroso). Más bien te ha elegido por el amor que te tiene y para cumplir el juramento hecho a tus padres. Por eso Yavé, con mano firme, te sacó de la esclavitud y del poder de Faraón, rey de Egipto.» (Dt 7, 7-8)

La elección fue gratuita. Pero para la época de Jesús, hacía mucho tiempo que los judíos se habían apropiado de la elección, y se creían superiores, siendo el requisito para ser pueblo de Dios era escuchar su voz:

«Si escuchas la voz de Yavé, tu Dios, y observas todas las cosas que yo te recuerdo ahora, él te bendecirá como te tiene prometido; prestarás a muchas naciones y de nadie pedirás prestado, dominarás sobre muchas naciones y ninguna tendrá dominio sobre ti.» (Dt 15, 5-6)

Por ello, cuando Jesús advierte en Mt 12, 50 quiénes son sus hermanos, está recordando que la salvación es para todos.

«Tomen a cualquiera que cumpla la voluntad de mi Padre de los Cielos, y ése es para mí un hermano, una hermana o una madre.» (Mt 12, 50)

Un comentario final. Las profecías no se formularon en plural, por decir lo menos. Recuerda la gran profecía de Isaías:

«El Señor, pues, les dará esta señal: La joven está embarazada y da a luz un varón a quien le pone el nombre de Emmanuel, es decir: Dios-con-nosotros.» (Is 7, 14)

La virgen solamente dará a luz a un hijo, ni uno más. Y por supuesto que será llamado «primogénito», pero no por ser el hijo mayor de varios sino porque «primogénito» designa al primer hijo (es un término legal como es fácil constatar en Ex 34, 20), así no hayan más hijos o hijas con posterioridad.

4. Análisis linguístico

Aquí remito al excelente artículo «Bad Aramaic Made Easy».

5. En cuanto a las presuntas relaciones de José y María luego del nacimiento de Jesús

Mateo 1, 25 dice lo siguiente:

«Y sin que hubieran tenido relaciones, dio a luz un hijo, al que puso por nombre Jesús.»

Pero otros traducen el mismo pasaje de otra forma:

«Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito, y le puso por nombre Jesús» (Reina Valera Revisada, 1995. 1998 . Miami: Sociedades Bíblicas Unidas).

Esta traducción olvida otro texto de los evangelios que se refiere a lo mismo. Dice Lucas 2, 21:

«Cumplidos los ocho días, circuncidaron al niño y le pusieron el nombre de Jesús, nombre que había indicado el ángel antes de que su madre quedara embarazada.» (Lc 2, 21)

El sentido de Mt 1, 25 no es referirse a que José tuvo relaciones con María, sino a que Jesús nació sin intervención de hombre, tal como señala Lucas («…antes de que su madre quedara embarazada…»). Esa es la información que debe guiar la interpretación del pasaje, como en efecto hacemos los católicos, y como reconocen muchos especialistas no católico, quienes advierten que el texto de Mateo no se refiere a qué pasó después del nacimiento de Jesús, sino solamente a lo ocurrido hasta ese momento. Noten por ejemplo el «hasta» en Mt 28,19-20, ¿alguien podrá sostener que luego del fin de la historia Jesús no estará con los discípulos?

«Vayan, pues, y consíganme discípulos de todas las naciones. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,   y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia.”» (Mt 28,19-20; resalté)

Ahora bien, por otra parte hay lo siguiente: María era el templo del Espíritu Santo, la nueva Arca de la Alianza, preservada necesariamente de cualquier contacto, porque es orden de Dios que por donde pase, no pase ningún hombre (lee Ezequiel 44, 1-2) y lee por favor «La inmaculada concepción» en este site. José NO PUDO tener relaciones con María, porque como hombre justo (Mt 1, 19; «dikaios» dice en griego), jamás hubiera tenido siquiera en su mente tal cosa, lo mismo que un buen cristiano nunca siquiera pensaría en profanar lo sagrado. María ya era del Espíritu Santo, y lo sabía porque el ángel del Señor se lo había advertido (Mt 1, 20), y se casó con María también por instrucción divina, y sabía que su papel era dar nombre a Jesús (Mt 1, 21), así que José siempre supo que su matrimonio era distinto a cualquier otro.

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La Alianza en la Biblia

Toda la Biblia trata de la Alianza (berit en hebreo, diatheke en griego) establecida entre Dios y la humanidad. Comenzada en el Antiguo Testamento, la Alianza adquiere su rostro definitivo en el Nuevo, con Jesús. Se lee en la constitución dogmática Lumen Gentium, número 9:

«En todo tiempo y lugar ha sido grato a Dios el que le teme y practica la justicia. Sin embargo, quiso santificar y salvar a los hombres no individualmente y aislados, sin conexión entre sí, sino hacer de ellos un pueblo para que le conociera de verdad y le sirviera con una vida santa. Eligió, pues, a Israel para pueblo suyo, hizo una alianza con él y lo fue educando poco a poco. Le fue revelando su persona y su plan a lo largo de su historia y lo fue santificando. Todo esto, sin embargo, sucedió como preparación y figura de su alianza nueva y perfecta que iba a realizar en Cristo…, es decir, el Nuevo Testamento en su sangre convocando a las gentes de entre los judíos y los gentiles para que se unieran, no según la carne, sino en el Espíritu» (cita según el número 781 del Catecismo de la Iglesia Católica)

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¿Dijo Jesús que no hay que juzgar a nadie?

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Dijo Jesús:

«No juzguen a los demás y no serán juzgados ustedes» (Mt 7, 1)

Esta cita se escucha hoy por todas partes, y con ella los modernos fariseos (tanto anticristianos como presuntos cristianos que en realidad no lo son) dan por terminado cualquier reclamo. La perícopa completa de esas palabras de Jesús es esta:

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¿Qué es el pecado?

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Un error por desgracia muy extendido es la simplificación del concepto de pecado, al punto que señalamos como «pecado» algo que viola una regla escrita en alguna parte, es decir, como si dependiera de alguna formalidad, como las leyes (si no está indicado como prohibido en la ley, entonces está permitido, dicen algunos). El asunto es más complejo y de fondo que eso.

En español, dependiendo de la traducción de la Biblia que uno use, la palabra pecado en sus diversas conjugaciones y usos (pecado, pecar, etc.) está alrededor de ochocientas veces, pero en los idiomas originales no existe tal uniformidad terminológica para referirse a esa realidad; el término hamartia de 1 Jn 1, 8, por ejemplo, se encuentra 173 veces en el texto en griego del Nuevo Testamento, mientras que

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El problema de las malos sacerdotes

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Dice la Biblia:

«¡Ay del pastor que no sirve para nada, que deja abandonado su rebaño! ¡La espada le cortará su brazo y le alcanzará el ojo derecho! ¡Que se seque su brazo y que su ojo derecho no vea más! » (Za 11, 17)

¿Cómo es posible que algunos sacerdotes no solamente confundan al rebaño sino que además de ello sean verdaderos malvados? Algunos son deshonestos, otros roban lo que debería ser de los pobres, etc.. El fin del sacerdocio es explicado así por la Iglesia:

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Un comentario sobre «La Pasión» de Mel Gibson

Afiche de la película «La Pasión» de Mel Gibson. Ver en https://www.imdb.com/title/tt0335345/ .

La película «La Pasión», de la cual ya se anuncia una continuación, es ante todo una visión personal de las horas transcurridas entre la última oración de Jesús en el huerto de Getsemaní y la muerte en la cruz, incluyendo una corta pero clara referencia a la Resurección, contenida en una obra de arte cinematográfico basada en los evangelios y en elementos provenientes, principalmente, de las revelaciones de Ana Catalina Emmerick y de las pinturas del pintor renacentista Michelangelo Merisi (Caravaggio), de las cuales toma inspiración en la parte de fotografía.

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La parábola del Hijo Pródigo

No se puede desperdiciar lo que se tiene
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La parábola denominada «del hijo pródigo» (Lc 15, 11-31), a la cual actualmente se le denomina «el padre misericordioso», es una de las más claras muestras de lo difícil que es leer la Biblia sin guía. Tomada literalmente, y aislada de su contexto (o sea sin tener en cuenta Lc 15, 1-10), incluso es peligrosa, puesto que alguien podría tomarla como una invitación a la alcahuetería materna o paterna.

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Para leer la Biblia se necesita saber hacerlo

Hay que estudiar la Biblia seriamente
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Que en el texto de la Biblia hay aparentes contradicciones, relatos duplicados o triplicados, anacronismos, etc., eso ni es nuevo ni tampoco puede suscitar nada distinto a un interés por aprender a leerla. Es preciso reconocer que la Iglesia tardó mucho tiempo en promover la lectura activa y seria de la Biblia entre los feligreses (ver el discurso de Juan Pablo II de 23 de abril de 1993 con ocasión de la presentación del documento «La Interpretación de la Biblia en la Iglesia«), pero esos tiempos ya pasaron, aunque muchos no se han dado cuenta; por ejemplo, la Constitución Dogmática Dei Verbum del Concilio Vaticano II advertía en 1965:

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El Reino de Dios (la levadura que una mujer introduce en harina y esta fermenta)

Harina donde ha fermentado la levadura
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En la oración del Padrenuestro decimos «venga tu reino» (Mt 6, 10). pero, ¿de qué estamos hablando?

El Reino de Dios (o «Reinado», porque la palabra griega «basileia» se refiere al poder ejercido por el soberano en su territorio, no al territorio físico) es el tema central de la predicación de Jesús.

El papa Benedicto XIV, en su encíclica Spe Salvi, nos habla así del Reino de Dios:

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¿Hay alimentos prohibidos?

Según algunos, algunos de estos alimentos están prohibidos por la Biblia
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Ya estaba profetizado que llegaría un tiempo en que algunos aparecerían prohibiendo comer ciertos alimentos «…a pesar de que Dios los creó para que los comamos y luego le demos gracias» (1 Tm 4, 3).

Hay quienes no comen ciertos alimentos, debido a las prohibiciones del Antiguo Testamento (Lv 11, 4 entre otros). Ello llevaría a problemas serios dado que por ejemplo NO SE PODRIA COMER GRASA ANIMAL:

«Yavé habló a Moisés para decirle: “Habla a los hijos de Israel y diles: No comerán sebo de buey, ni de cordero ni de cabra. La grasa de animal muerto o destrozado podrá servir para cualquier uso, pero no la comerán.» (Lv 7, 22-24)

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