Hoy en día, el apellido Montessori evoca de inmediato salones de madera pulida, materiales minimalistas y un mercado globalizado de juguetes educativos. Sin embargo, si escarbamos en los textos originales de la doctora italiana, nos topamos con un vocabulario que a más de un católico contemporáneo le activa las alarmas del ecumenismo New Age: conceptos como «fuerza cósmica» o «embrión espiritual» saturan sus manuales de enseñanza.
Ya advertía san Pablo:
«Examinen qué es lo que agrada al Señor, 11 y no participen en las obras infructuosas de las tinieblas, antes bien, denúncienlas.» (Efesios 5:10–11)
¿Fue Maria Montessori una mística heterodoxa adelantada a su tiempo o una católica devota incomprendida? La respuesta histórica y teológica no es blanca ni negra; es un fascinante terreno de tensiones.
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