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Aunque la homosexualidad no sea aceptable según la perspectiva bíblica, nada justifica jamás la violencia o el desprecio contra las personas homosexuales. Oponerse a la agresión es distinto a comprometer la doctrina; nuestro deber ineludible es siempre con la verdad: «Porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad» (2 Corintios 13, 8).
En los últimos años, hemos asistido a un intento sistemático por reescribir la teología y la historia bíblica. Entre los pasajes más disputados se encuentra, sin duda, la destrucción de Sodoma y Gomorra (Génesis 19). Ciertos sectores de la teología revisionista moderna sostienen que el único pecado de estas ciudades fue la «falta de hospitalidad» hacia los viajeros, intentando diluir la clarísima dimensión moral y sexual que la Escritura le atribuye al pasaje.
Sin embargo, cuando analizamos las Sagradas Escrituras en su conjunto —y no de forma aislada—, descubrimos que Sodoma representa el arquetipo de la perversión humana en múltiples dimensiones, coronada por la soberbia de ufanarse públicamente de sus aberraciones.
1. Un jardín transformado en ruinas: La caída moral
Antes de su destrucción, la llanura del Jordán era descrita como «un jardín del Señor» (Génesis 13, 10). Sin embargo, la abundancia material se convirtió en su ruina espiritual.
El profeta Ezequiel nos ofrece un diagnóstico preciso de la raíz del problema:
«Este fue el pecado de tu hermana Sodoma: soberbia, abundancia de pan y una tremenda ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no ayudaron al pobre ni al necesitado. Se enorgullecieron y cometieron abominaciones ante mí, y por eso las destruí» — Ezequiel 16, 49-50
Muchos apologistas de la agenda moderna se aferran a este versículo para decir: «¿Ven? El pecado era no ayudar al pobre». Pero omiten deliberadamente la última parte: «cometieron abominaciones (toebah) ante mí». En el lenguaje levítico, la palabra abominación está intrínsecamente ligada a las transgresiones de las leyes de pureza sexual y la desnaturalización del orden divino (Levítico 18, 22). La mezquindad social y la depravación moral iban de la mano.
2. El descaro de presumir el pecado
Si algo caracteriza a la caída de Sodoma, no es solo que pecaron, sino el orgullo y descaro con el que exhibían su conducta, perdiendo por completo la noción de la vergüenza. Como bien señala el profeta Isaías:
«La expresión de sus rostros los delata; como Sodoma, publican su pecado y no lo ocultan. ¡Ay de ellos, porque preparan su propia desgracia!» — Isaías 3, 9
Esto resuena con una vigencia alarmante en nuestra sociedad actual. Hoy en día, los promotores de ideologías contrarias a la ley natural no solo exigen tolerancia, sino que demandan aplauso, desfilando con orgullo de aquello que la Escritura señala como desordenado.
3. Sodoma a través del espejo de las Escrituras
Sodoma no es un hecho aislado del Antiguo Testamento; es un símbolo de advertencia constante en toda la Revelación divina:
- Símbolo de la desobediencia extrema: Deuteronomio 29, 21-22.
- Símbolo del culto vacío: Isaías denuncia a los gobernantes de Jerusalén llamándolos «regidores de Sodoma» por ofrecer sacrificios con las manos llenas de sangre e injusticia (Isaías 1, 10-20).
- Símbolo de los falsos profetas: Jeremías compara a los profetas que legitiman la mentira y el adulterio con los habitantes de Sodoma (Jeremías 23, 14).
- Símbolo del rechazo a la verdad: Jesús mismo advierte que aquellos pueblos que escuchen su mensaje, vean sus milagros y aun así lo rechacen, recibirán un castigo más riguroso en el Día del Juicio que el de Sodoma (Mateo 11, 23-24; Lucas 10, 12).
El Nuevo Testamento disipa cualquier duda sobre la naturaleza del pecado sodomita. La carta de Judas 1, 7 es tajante al respecto:
«Sodoma, Gomorra y las ciudades vecinas, que de la misma manera que ellos se entregaron a la fornicación y fueron tras vicios contra naturaleza, bajo la pena de un fuego eterno, sirven de ejemplo.»
4. El peligro de la «misericordia sin verdad»
Hoy en día, muchos pastores y teólogos intentan «suavizar» la Palabra de Dios para no ofender al mundo. Sin embargo, ocultar la gravedad del pecado no es misericordia; es complicidad.
La destrucción de Sodoma sigue en pie como una advertencia solemne. Dios aborrece el pecado precisamente porque destruye al ser humano, creado a su imagen y semejanza. En una época que busca desfigurar la verdad bíblica en beneficio propio, debemos mantenernos firmes en la sana doctrina, recordando que la verdadera conversión nace de reconocer nuestras caídas, no de celebrarlas.
5. Sobre el texto «Qué es el hombre?» de la Pontificia Comisión Bíblica y el peligro de aislar el texto en Génesis 19
Cuando el Vaticano publicó “¿Qué es el hombre?”, pocos se percataron que trató de matizar el alcance del episodio de Génesis 19 de Sodoma y Gomorra, reduciéndolo a la infracción a la hospitalidad, como ya se había intentado en otras obras como el Comentario Bíblico Latinoamericano, que trató de parecerse al erudito Comentario Bíblico san Jerónimo. En el Comentario Bíblico Latinoamericano, influenciado por la terrible teología de la liberación (marxista y terrenal) se plantea la misma interpretación reduccionista, mientras que en el Comentario Bíblico san Jerónimo se mantiene la misma interpretación que señaló aquí, desde luego con mayor profundidad.
El Comentario Bíblico Latinoamericano (que hereda gran parte del aparato metodológico del Comentario Bíblico Internacional de Verbo Divino) suele pecar de un sesgo metodológico reduccionista. Al estar fuertemente influenciado por las corrientes de la teología de la liberación y la hermenéutica sociológica de finales del siglo XX, su análisis tiende a forzar los textos bíblicos para que encajen en categorías de opresión social, justicia económica e inclusión.
Al hacer esto, caen exactamente en el mismo error que la teología revisionista moderna:
- Reducen el pecado a lo puramente estructural: Convierten el drama de Sodoma en un manifiesto exclusivo contra el egoísmo social y la opresión al forastero.
- Ignoran la santidad y la pureza como categorías bíblicas: Al sobredimensionar la justicia social (la hospitalidad), terminan extirpando del texto la gravedad del desorden moral y sexual, como si la degradación de la carne y la rebelión contra la ley natural fueran temas secundarios o «añadidos culturales» de la época.
- Aíslan el texto de la narrativa del pacto: Olvidan que para el autor sagrado, la perversión de las costumbres es la consecuencia directa de dar la espalda al Creador. La injusticia social de Sodoma no existía en el vacío; era el fruto podrido de su depravación moral colectiva.
Al final, este tipo de comentarios bíblicos, en su afán por hacer el texto «relevante» para las luchas sociales actuales, terminan cometiendo una grave injusticia con la Escritura: sustituyen la exigencia de la conversión moral por un mero código de ética social. Por eso, para un análisis verdaderamente fiel a la Revelación, es indispensable recurrir a comentarios que no mutilen el texto y mantengan unidas la justicia y la verdad doctrinal.
¿Qué pasó en el documento del Vaticano?
En el año 2019, la Pontificia Comisión Bíblica de la Santa Sede publicó el documento «¿Qué es el hombre? Un itinerario de antropología bíblica». En sus numerales 186 al 188, este estudio analiza el episodio de Sodoma y Gomorra haciendo énfasis en la grave transgresión de la ley de la hospitalidad y la violencia ejercida contra los forasteros (los ángeles).
Sin embargo, aislar Génesis 19 como si el problema de Sodoma hubiera sido únicamente un acto de hostilidad hacia los viajeros es un error de lectura que pasa por alto el contexto inmediato de la Escritura:
- La sentencia previa (Génesis 18): Sodoma ya estaba sentenciada antes de que los ángeles llegaran. En la famosa negociación entre Abraham y Dios, queda en evidencia la total bancarrota moral de la ciudad: no se pudieron encontrar en ella ni diez hombres justos. El clamor contra su pecado ya había subido al cielo.
- La conducta colectiva como culminación: El intento de abuso sexual contra los ángeles por parte de todos los hombres de la ciudad, «desde el más joven hasta el más viejo» (Génesis 19, 4), no fue un incidente aislado. Fue la confirmación pública y la máxima expresión de una sociedad que había rechazado por completo la ley natural y la moral. El asalto sexual y la violencia contra los huéspedes fueron, en realidad, la gota que colmó el vaso.
Presentar la destrucción de Sodoma simplemente como un castigo por «falta de hospitalidad» no solo diluye la gravedad de la desobediencia moral, sino que ignora la advertencia de toda la Escritura: cuando una sociedad se entrega a conductas colectivas reprochables, el juicio de Dios es inevitable.
6. Jesús no calló sobre la sexualidad aceptable
Una mentira frecuente en los ambientes que quieren cambiar la doctrina cristiana sobre la homosexualidad, quieren sostener que hay silencio sobre el tipo de pareja que quiere Jesús. Lo cierto es que Jesús expresamente declara que la pareja humana es de hombre y mujer, tal como se advirtió en el Génesis (lea Mateo 19:3-9). Un texto como este y otros que siempre y a lo largo de toda la Biblia advierte sobre que la pareja bíblica es heterosexual, permiten afirmar que no hay silencio sobre el tema del tipo de sexualidad querido por Dios.