El dr. Antonio Piñero es un reconocido filólogo racionalista no creyente muy activo en redes sociales además de autor de múltiples obras y traducciones. Reconoce que no es teólogo, lo cual se nota. En una entrevista reciente visible en Youtube titulada ¿Jesus invento la eucaristía? con el Dr. Antonio Piñero de la Universidad Complutense de Madrid, sostiene la imposibilidad de la eucaristía tal como es planteada desde el catolicismo. Sin emabrgo, analizado el video resulta que el dr. Piñero prueba exactamente lo contrario: que Jesús sí lo hizo y que los textos del Nuevo Testamento demuestran precisamente la perspectiva católica.
La figura en que incurre se llama auto refutación. Paso a explicar por qué.
La figura se conoce técnicamente como peritrope (del griego peritropé, que significa «dar la vuelta» o «girar»), aunque en el ámbito de la lógica y la dialéctica también se le llama retorsión de argumento o auto-refutación.
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¿Inventó Pablo la Eucaristía? La «Auto-Refutación» de la Crítica Racionalista
Por: Lucas
En un reciente video, el historiador Antonio Piñero sostiene que la Eucaristía es una construcción teológica de Pablo, argumentando que es «inverosímil» que el Jesús histórico instituyera un rito que «aniquilara» el Templo y rompiera el tabú judío de la sangre apenas 48 horas después de haber purificado el santuario.
Sin embargo, desde una exégesis católica profunda, los argumentos de la crítica racionalista incurren en una peritrope o auto-refutación: al intentar demostrar que el rito es «imposible» por ser ajeno al judaísmo de la época, terminan confirmando precisamente la novedad absoluta de Cristo, quien no vino a reformar el sistema antiguo, sino a superarlo y plenificarlo.
1. El Templo: Del edificio al Cuerpo
El Dr. Piñero ve una contradicción entre purificar el Templo y luego sustituirlo. Pero en la revelación divina, este paso no es una «aniquilación» destructiva, sino una transición profética. Jesús ya había anunciado que la presencia de Dios se trasladaba a su propia carne:
«Jesús les respondió: «Destruid este santuario y en tres días lo levantaré»» (Juan 2:19).
Para la Biblia, el término «santuario» (naos) subraya la morada divina. Por tanto, la Eucaristía en el Cenáculo es la consecuencia lógica de su gesto en el Templo: el sacrificio definitivo ya no requiere un altar de piedra, sino el Altar de la Cruz, cuya entrega se hace sacramentalmente presente en el pan y el vino.
No olvidemos que Jesús es el nuevo emplo.
2. La superación del legalismo en los Evangelios
Se argumenta que la ruptura con el judaísmo tradicional es un «invento paulino». No obstante, los Evangelios Sinópticos nos muestran a un Jesús que ya estaba demoliendo las fronteras del legalismo ritual mucho antes de la Última Cena.
En la parábola del Buen Samaritano, Jesús desplaza el centro de la santidad desde la pureza ritual del sacerdote y el levita hacia la caridad del extranjero. Asimismo, rompe la estructura de las prohibiciones alimentarias:
«Nada hay fuera del hombre que, al entrar en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre» (Marcos 7:15).
Si Jesús ya había declarado la «limpieza de todos los alimentos», la institución de una comida sagrada que une a los fieles con su propia vida no es una ocurrencia de Pablo, sino la culminación de un mensaje que ya apuntaba a una Nueva Alianza universal.
3. El escándalo de la sangre: Sello de autenticidad
La crítica señala que un judío jamás aceptaría beber sangre, ni siquiera simbólicamente. Paradójicamente, este es el argumento más fuerte a favor de la institución por parte de Jesús. Si la comunidad primitiva hubiera «inventado» el rito para atraer gentiles, habrían evitado un lenguaje tan ofensivo para la sensibilidad judía. El hecho de que se mantuviera este lenguaje «duro» demuestra que procede de una orden directa del Maestro:
«Muchos de sus discípulos, al oírlo, dijeron: «Dura es esta instrucción; ¿quién puede escucharla?»» (Juan 6:6).
Jesús no suaviza su discurso; por el contrario, lo mantiene hasta el final, demostrando que la comunión con su Sangre es el nuevo signo de pertenencia al Pueblo de Dios.
Conclusión: El triunfo de la «inverosimilitud»
Al intentar demostrar que Jesús era «demasiado judío» para fundar la Eucaristía, la crítica racionalista se refuta a sí misma. Si el cristianismo hubiera sido una simple «reforma verosímil» del judaísmo, habría desaparecido como tantas otras sectas del siglo I o habría sido pura y simplemente judaísmo.
Lo que Piñero llama «inconsecuencia», nosotros lo reconocemos como el Escándalo de la Cruz. La Eucaristía es veraz precisamente porque es disruptiva. Es la prueba de que en Jesús, Dios ha hecho «nuevas todas las cosas», llevando la promesa de Abraham a una plenitud que el solo esfuerzo humano jamás habría podido imaginar.