Los testigos de Jehová no son cristianos porque no creen en Jesús

La cruz no es aceptada por los testigos de Jehová

Es vital analizar las bases de nuestra fe con discernimiento. Una de las preguntas más recurrentes es: ¿Pueden los Testigos de Jehová ser considerados cristianos?

Aunque ellos mismos se identifican con ese nombre, el cristianismo histórico sostiene que no lo son. El argumento central es innegociable: Ellos no creen que Jesús sea Dios.


1. El Jesús «creado» vs. el Jesús «Creador»

La doctrina de los Testigos de Jehová sostiene que Jesús es el Arcángel Miguel, la primera y única creación directa de Dios (Jehová). Sin embargo, la Biblia de Jerusalén presenta una realidad muy distinta sobre la naturaleza del Hijo.

En el prólogo del Evangelio de Juan, leemos:

«En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.» (Juan 1,1)

Para el cristianismo, la Palabra (Jesús) es Dios. Para los Testigos, Él es solo un ser espiritual de alto rango, pero creado.

2. Una traducción a «medida»: El problema de su Biblia

Para sostener una doctrina que contradice siglos de fe cristiana, la organización de los Testigos de Jehová utiliza su propia versión: la Traducción del Nuevo Mundo. El problema no es solo de interpretación, sino de manipulación del texto.

Han «arreglado» sistemáticamente los versículos que resultan incómodos para su doctrina:

  • En Juan 1,1: Añaden un artículo indefinido que no existe en el griego original, traduciendo que la Palabra era «un dios» (con minúscula), para evitar reconocer su deidad.
  • En Colosenses 1,16-17: Insertan cinco veces la palabra «otras» (ej. «creó todas las otras cosas») para dar a entender que Jesús es parte de la creación y no el Creador de todo. Estas añadiduras no aparecen en ningún manuscrito antiguo.

3. Jesús es superior a los ángeles (Hebreos 1)

El libro de Hebreos es el golpe de gracia para la idea de que Jesús es un ángel. La Biblia de Jerusalén subraya la superioridad absoluta del Hijo:

«Habiendo llegado a ser tanto más excelente que los ángeles, cuanto que heredó un nombre más excelente que ellos. Pues ¿a cuál de los ángeles dijo alguna vez: Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy…?» (Hebreos 1,4-5)

Más adelante, el texto muestra que, mientras los ángeles son servidores, el Hijo posee un trono divino:

«Pero del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por los siglos de los siglos…» (Hebreos 1,8)

Aquí es el propio Padre quien llama «Dios» al Hijo. Si Jesús fuera el Arcángel Miguel, estas afirmaciones carecerían de sentido, ya que la Escritura prohíbe adorar a los ángeles, pero ordena que todos ellos adoren al Hijo (Hebreos 1,6).

4. ¿Un madero o la Cruz?

Incluso el símbolo universal del sacrificio de Cristo es rechazado. Los Testigos afirman que Jesús murió en un madero vertical (un poste) sin travesaño. Sin embargo, la evidencia bíblica en la Biblia apunta a lo contrario. En Juan 20,25, Tomás dice:

«Si no veo en sus manos la señal de los clavos…»

El uso del plural (clavos) indica que se usó un clavo para cada mano, lo cual solo ocurre si los brazos estaban extendidos en una cruz. En un madero simple, las manos se superponen y se usa un solo clavo.

5. ¿Un Jesús «fantasma»? El rechazo a la resurrección corporal

Otro punto de ruptura es lo que ocurrió en la tumba. Los Testigos de Jehová enseñan que Jesús no resucitó físicamente. Según ellos, su cuerpo de carne murió para siempre y Dios lo recreó como un espíritu.

Sin embargo, en la Biblia , el Jesús resucitado desmiente esto tajantemente ante sus discípulos:

«Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo.» (Lucas 24,39)

Negar la resurrección corporal es negar la victoria total de Cristo sobre la muerte. Si solo resucitó un «espíritu», la tumba vacía carece del significado glorioso que el cristianismo ha proclamado por 2,000 años.


Conclusión

La diferencia no es de ritos, es de cimiento. Al alterar la Biblia para que encaje con su negación de la deidad de Cristo, los Testigos de Jehová se han fabricado un «Jesús» a su medida.

Debemos recordar que el cristianismo no se define por usar el nombre de Jesús, sino por confesar lo que la Escritura afirma: que en Él «habita corporalmente toda la plenitud de la Divinidad» (Colosenses 2,9). Para ser cristiano, es necesario rendirse ante aquel que es, en palabras del apóstol Tomás: «Señor mío y Dios mío» (Juan 20,28).


Lecturas complementarias

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