El Domingo de Ramos no es un simple desfile de victoria humana ni un folclore litúrgico; es la entronización de un Rey que viene a desarmar nuestros conceptos de poder. Iniciamos la Semana Santa entrando en el misterio de la Kenosis: el abajamiento voluntario de Dios para elevar la dignidad del hombre.
1. La Profecía y la entrada: El Rey en el pollino
En la entrada mesiánica, Jesús elige una estética que rompe con el triunfalismo del mundo. Se cumple lo anunciado en Zacarías 9, 9:
«¡Exulta con todas tus fuerzas, hija de Sión! ¡Grita de alegría, hija de Jerusalén! Mira que viene a ti tu rey; él es justo y victorioso, humilde y montado en un asno, sobre un pollino, cría de asna».
Al elegir un asno y no un caballo de guerra, Jesús declara que su señorío es de paz y servicio. Los mantos en el suelo son el reconocimiento de su autoridad, pero es una autoridad que no se impone por la fuerza, sino que se ofrece en el sacrificio. El Hosanna (originalmente una súplica: «¡Sálvanos, te rogamos!») es el grito de una humanidad que, aunque frágil, intuye que en este hombre reside la única liberación verdadera.
2. ¿Qué clase de Rey es Jesús? El Reino que no es de este mundo
Es fundamental discernir la naturaleza de este reinado para no caer en las tentaciones del pasado y del presente. Ante Pilato, Jesús es tajante: «Mi reino no es de este mundo» (Juan 18, 36).
Esto marca un contraste absoluto con aquellos que, a lo largo de la historia, han pretendido usar el nombre de Cristo como una excusa para ejercer violencia, conquistar parcelas de poder terrenal o someter a otros. El Reino de Dios no se establece mediante la coacción ni el dominio político. Jesús no es un «caudillo» que busca derrocar al César para ocupar su puesto; es el Rey de la Verdad que viene a liberar al hombre del pecado y de la muerte. Usar el Evangelio como bandera de agresión es una traición a la Kenosis de Cristo; su única «arma» es el amor que se entrega hasta el extremo.
3. La Sabiduría de la Tradición: Voces de los Santos
La Tradición de la Iglesia nos enseña que este camino hacia Jerusalén debe recorrerse interiormente.
- San Andrés de Creta: Nos exhorta a no ser meros espectadores: «En lugar de mantos o de ramas sin vida… extendámonos nosotros mismos ante sus pies». Los ramos se secan, pero el ofrecimiento de la voluntad es el verdadero tapiz que el Rey desea.
- San Bernardo de Claraval: Advertía sobre la inconstancia del corazón: «¡Qué diferentes son los gritos de «Crucifícale» y «Bendito el que viene»!». La liturgia nos pregunta hoy: ¿A qué Rey servimos cuando el entusiasmo desaparece y llega el silencio de la Pasión?
- Santa Teresa de Jesús: Veía en la montura pobre de Jesús la gran lección de la humildad: este Rey no necesita adornos del mundo para manifestar su majestad, sino la transparencia de un espíritu que no busca lo suyo.
4. El Deber de la Memoria: ¡Viva Cristo Rey!
Reconocer este reinado ha costado la sangre de muchos que entendieron que, si bien el Reino no es de este mundo, sí se defiende en este mundo.
En la Cristiada mexicana, cuando el Estado intentó desterrar a Dios del alma nacional, el «Hosanna» se actualizó en el grito de «¡Viva Cristo Rey!». Mártires como san José Sánchez del Río no luchaban por un sistema de opresión, sino por la libertad de la fe frente al totalitarismo. Ellos sabían que si Cristo es Rey el domingo, debe serlo también en la plaza pública, en nuestras leyes y en nuestra vida profesional. Su sacrificio es el testimonio de que el cristiano no es un ciudadano de segunda, sino un testigo de una Verdad que trasciende cualquier ideología humana.
5. La Pasión que continúa: Persecución en el mundo actual
La Pasión de Cristo sigue viva en los cristianos que hoy sufren por su fidelidad. El Domingo de Ramos nos exige parresía (valentía apostólica) frente a un mundo que prefiere el silencio:
- En Nigeria y África subsahariana, donde el odio religioso masacra comunidades por el solo hecho de confesar el nombre de Jesús.
- En Nicaragua y otros regímenes totalitarios, donde la Iglesia es asediada y sus pastores expulsados por ser la última voz de libertad frente a la tiranía.
- En Occidente, donde vivimos la exclusión sistemática y la marginación social de la fe en la esfera pública. Aquí, la persecución no usa fusiles, sino presiones ideológicas y leyes que buscan reducir la fe a un sentimiento privado, expulsando a Dios de la cultura, la justicia y la ética social.
Conclusión
Este domingo nos invita a preguntarnos: ¿Dejaremos que el Rey de la Paz entre en nuestra Jerusalén personal? Debemos tener la valentía de defender la verdad con la caridad, la firmeza y la preparación. No podemos sostener los ramos mientras guardamos silencio ante la injusticia o ante el intento de desterrar a Dios de la sociedad. Que nuestra vida entera sea un clamor que, como el de los cristeros, reconozca la soberanía del Amor sobre cualquier poder terrenal.
¡Viva Cristo Rey!