Me he referido antes a la necesidad de aprender a leer la Biblia. Examinemos un punto: no caer en la lectura literal.
¿Sabía que la Biblia prohíbe salir con cantantes? No, no se aterren. Basta con leer atendiendo principios básicos de interpretación para entender que no se refiere a cualquier mujer cantante, sino solo a las que usan su habilidad para enredar hombres, lo que es muy distinto.
Antes de comenzar, como hablamos de lectura bíblica, no olvide usar una edición católica y reciente. No todas las Biblias son iguales. Sobre ello vea mi nota en este blog:
1 La Biblia no se lee literalmente sino considerando sus varios sentidos
Ningún texto se puede leer solo literalmente, ni la ley ni la Biblia. La Biblia nunca se leyó literalmente, salvo por grupos fundamentalistas cristianos de herencia protestante en siglos recientes. En el catolicismo desde el principio se ha buscado una lectura integral de la Biblia, afirmando que hay un sentido literal y otro espiritual. Así lo explica el Catecismo de la Iglesia Católica:
«115 Según una antigua tradición, se pueden distinguir dos sentidos de la Escritura: el sentido literal y el sentido espiritual; este último se subdivide en sentido alegórico, moral y anagógico. La concordancia profunda de los cuatro sentidos asegura toda su riqueza a la lectura viva de la Escritura en la Iglesia.»
Iglesia católica. (2001). Catecismo de la Iglesia Católica (p. 30). Libreria Editrice Vaticana.
Desde luego, el sentido literal es el punto de partida porque nos dice cuál es el marco textual de arranque para la interpretación, que no puede quedarse allí. En materia de interpretación de textos, lo primero que debe hacerse antes es estar seguros de qué dice.
Usted puede leer el Catecismo de la Iglesia Católica o, si prefiere una versión resumida por expertos, puede leer el Compendio del Catecismo, sin embargo, las explicaciones completas solo se encuentran en el Catecismo. Veamos por ahora lo que son el sentido literal y el sentido espiritual, aunque se recomienda leer los números 115 a 119 cuando menos.
«116 El sentido literal. Es el sentido significado por las palabras de la Escritura y descubierto por la exégesis que sigue las reglas de la justa interpretación. “Omnes sensus (sc. sacrae Scripturae) fundentur super litteralem”. (“Todos los sentidos de la Sagrada Escritura se fundan sobre el sentido literal”).
117 El sentido espiritual. Gracias a la unidad del designio de Dios, no solamente el texto de la Escritura, sino también las realidades y los acontecimientos de que habla pueden ser signos.
Iglesia católica. (2001). Catecismo de la Iglesia Católica (p. 30). Libreria Editrice Vaticana.»
2 La sola lectura literal es antibíblica
Ya lo enseñaba san Pablo: «…la letra mata más el Espíritu da vida» (2 Corintios 3:6).
El autor de la segunda carta de Pedro advierte acerca de la necesidad de leer correctamente la Biblia, porque, como ocurre con algunas de las cartas de san Pablo, algunos las leen para su propia perdición:
«Por lo tanto, queridos, en espera de estos acontecimientos, esfuércense por ser hallados en paz ante él, sin mancilla y sin mancha. La paciencia de nuestro Señor considérenla como salvación, como se lo escribió también Pablo, nuestro querido hermano, según la sabiduría que le fue otorgada. Lo escribe también en todas las cartas en las que habla de esto. Aunque hay en ellas cosas difíciles de entender, que los ignorantes y los débiles interpretan torcidamente —como también las demás Escrituras— para su propia perdición.»
Biblia de Jerusalén Latinoamericana (2 P 3:14–16). (2007). Desclée de Brouwer.
3 Un caso antiguo de interpretación que demuestra cómo se lee la Biblia usando correctamente el sentido literal
San Agustín, en el siglo IV, cuando enseña cómo interpretar el Génesis, explica por ejemplo cómo entender el tiempo de Dios para captar el sentido de la afirmación divina de que ha engendrado a Jesús «hoy» (Salmo 2:7, Hebreos 1:5, entre otros textos). Eso está en su magnífica obra Las Confesiones, que es como una larga oración a Dios:
«Tus años están parados, todos a la vez, porque son estáticos y los que se van no son desplazados por los que vienen, porque no pasan: estos nuestros, en cambio, serán todos cuando ya no sean todos. Tus años son un solo día, y tu día no es un cada día sino un hoy, porque tu día de hoy no cede a un mañana ni, claro está, viene después de un ayer. Tu día de hoy es eternidad. Por ello engendraste coeterno al que dijiste: «Yo te he engendrado hoy». Todos los tiempos los has hecho Tú. Y antes de todos los tiempos existes Tú. Y en otro tiempo no había tiempo.»
Agustín, San. Confesiones (Biblioteca Clásica Gredos nº 387) (p. 549). Gredos. Edición de Kindle.
Entonces, hay un tiempo humano y uno divino, que es eternidad. A partir de ahí sabemos que el hoy de Dios no supone antes o después. Para una lectura más a fondo de cómo leer el Génesis, puede, además de leer Las Confesiones a partir del capítulo XI, abordar El Comentario al Génesis en réplica a los maniqueos del mismo autor. Los maniqueos, entre sus muchos errores, no podían entender porqué Dios necesitó descansar el séptimo día (Génesis 2:2), siendo que esa expresión debía ser interpretada alegóricamente. Se refiere a que luego de todos nuestros trabajos conforme la voluntad de Dios, tendremos todos un merecido descanso.
«34. Primeramente tenemos que advertir y conocer la norma de este modo de hablar que se emplea en muchos lugares de la sagrada Escritura. ¿Qué otra cosa significa lo que se dice: que Dios descansó de todas sus obras, las que hizo en gran manera buenas, si no es nuestro descanso, el cual nos dará de todos nuestros trabajos, si nosotros también hubiéremos hecho obras marcadas con el sello de Dios?»
San Agustín. Comentario al Génesis en réplica a los maniqueos
4 El texto que en apariencia prohíbe cualquier trato con mujeres cantantes
Se lee en el libro del Eclesiástico:
«No tengas trato con una cantante,
no sea que te enredes en sus artimañas.»
Biblia de Jerusalén Latinoamericana (Eclo 9:4). (2007). Desclée de Brouwer.
¿O sea que un hombre no puede ni hablar con una mujer cantante? Eso dice literalmente, sin embargo, hay que examinar qué quiere decir allí la palabra «cantante». En la traducción de la Biblia de la Universidad de Navarra se lee así:
«No frecuentes la compañía de una cantante, ni la escuches, no sea que te aten sus enredos.»
Navarra, Universidad de. Sagrada Biblia (p. 1506). EUNSA. Facultad de Teología. Universidad de Navarra. Edición de Kindle.
Ese libro del Eclesiástico, o Sirácides en algunas traducciones, está en griego. Es uno de los libros bíblicos en griego del Antiguo Testamento, quitado de la Biblia por Martín Lutero en el siglo XVI, luego de mil quinientos años de uso en el cristianismo. En el original griego se lee:
«μετὰ ψαλλούσης μὴ ἐνδελέχιζε,
μήποτε ἁλῷς ἐν τοῖς ἐπιχειρήμασιν αὐτῆς.Rahlfs, A., & Hanhart, R., eds. (2006). Septuaginta: SESB Edition (Eclo 9:4). Deutsche Bibelgesellschaft.»
Por cierto, cuando hablo de «original» me refiero al lenguaje, no al documento manuscrito donde por primera vez se plasmó el texto bíblico. El manuscrito original no lo tenemos, sino varias copias. Al respecto vea mi comentario en este blog
En español «cantante» es un adjetivo, en el griego de ese versículo es el verbo psallo («μετὰ ψαλλούσης μὴ ἐνδελέχιζε» se lee en la primera línea) que significa cantar o alabar a Dios en cierto contexto (como en Efesios 5:19, en donde dice «canten»), en Eclesiástico 9:4 es un verbo puede leerse «la que canta» (está en femenino). Es por eso que la traducción de cantante es inevitable, aunque no se trata de cualquier cantante. Se trata de un uso excepcional que no se halla de nuevo en el Antiguo Testamento en griego (la Septuaginta, la versión del AT en uso en la época de Jesús y que además estaba en griego). En los demás casos de uso del mismo lema en griego (psallo) en la Septuaginta, es para referirse al canto a Dios (como en el Salmo 18:50 o como sucede en el Nuevo Testamento). El sentido del término cantante aquí se empieza a captar cuando se observa el contexto de su uso en el versículo. Cuando dice en Eclesiástico que no tenga trato con una cantante, se refiere a una dedicada a entretenimientos terrenales con varones o que usa su habilidad musical para atraparlos, en lugar de usar esa habilidad para alabar a Dios. Observen otra traducción que da una mejor idea:
«No tengas trato con una vulgar cantante, no sea que te atrape con sus artes»
La Biblia Católica para Jóvenes, 2009, Eclesiástico 9:4
Tiene que ver con una cantante vulgar en sentido moral, diríamos. El autor del libro del Eclesiástico conoce la cultura griega, en la cual existía una categoría de mujeres que, al lado de las prostitutas, entretenían a los hombres: las que tocaban instrumentos musicales. En griego, psallo también se refiere a personas que tocan, por ejemplo, el arpa. Cuenta una autora que los griegos no solían incluir a sus esposas en sus reuniones:
«Las bailarinas, las instrumentistas y las prostitutas eran las únicas que tenían derecho a asistir a los banquetes, ya que las griegas estaban excluidas de los mismos».
VANOYEKE, Violaine. La prostitución en Grecia y Roma, Clío: Crónicas de la Historia, Madrid, 1991, página 64.
Es probable que Eclesiástico 9:4 se refiera a esa clase de mujeres «instrumentistas». Más adelante, en Eclesiástico 9:6 se hace una prevención de trato con prostitutas, otra categoría diferente de mujeres poco recomendables.
Este versículo 4 pertenece al grupo de versículos del capítulo 9 del libro de Eclesiástico que trata de consejos sobre mantenerse alejado de mujeres o de cuidarse de ciertas conductas con ellas. Comienza hablando sobre no tener celos en exceso de la mujer propia (Eclesiástico 9:1) y termina advirtiendo que es mejor no irse de celebración con mujer ajena para evitar tentaciones (Eclesiástico 9:9), pasando por la recomendación de que los mayores no deben meterse con jovencitas (el versículo 5).
En resumen, la prevención de Eclesiástico 9:4 no es para cualquier mujer que canta, es sobre aquellas que pueden usar esa habilidad para enredar a los hombres dado el ambiente en que se mueven.
5 Un ejercicio de interpretación sugerido
Que la Biblia no se lee literalmente también se demuestra con un reto más bien sencillo. Veamos el versículo 17 del capítulo 20 del libro del Éxodo, que se refiere a uno de los mandamientos. Allí dice «ni codiciarás la mujer de tu prójimo». ¿O sea que una mujer puede codiciar el marido de otra, ya que solo se refiere a la mujer? Bueno, basta leer en contexto, veamos:
«Dios pronunció estas palabras: «Yo soy Yahvé, tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, del lugar de esclavitud.
(…)
No codiciarás la casa de tu prójimo, ni codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su burro, ni nada que sea de tu prójimo.»
Biblia de Jerusalén Latinoamericana (Éxodo 20:1,17). (2007). Desclée de Brouwer.
Como se ve, la frase que remata «ni nada que sea de tu prójimo» al final del versículo 20 resuelve todo. No codicie lo ajeno, personas o bienes.