1, La invitación a que el descanso sea oportuno y no excesivo
La Biblia advierte que hay que tener mucho cuidado no solo con el exceso de descanso sino con la oportunidad del mismo. O sea: no es lo mismo el descanso que la pereza.

2. La hormiga como ejemplo
Un poco antes, la Biblia hace una importante analogía con la hormiga para invitar al perezoso a reaccionar:
«Acércate a la hormiga, perezoso,
observa su conducta y aprende.
Aunque no tiene jefe,
ni capataz, ni dueño,
asegura su alimento en el verano
y recoge su comida en tiempo de siega.» (Proverbios 6:6-8)
En el mismo libro de Proverbios, usando la hormiga como ejemplo no solo de trabajo y laboriosidad sino de sabiduría.
«Hay cuatro seres pequeños en la tierra, que son más sabios que los sabios: las hormigas, pueblo débil que en verano asegura su alimento; (…)» (Proverbios 30:24-25; solo para no dejar con la curiosidad: los otros animales mencionados son conejos, langostas y arañas)
Esos dos versículos son los únicos versículos en que la Biblia habla de la hormiga.
3. La pregunta obligada para el perezoso
Justo antes del texto con que comienza este post, hace la gran pregunta:
«¿Hasta cuándo dormirás, perezoso?,
¿cuándo te levantarás de tu sueño?» (Proverbios 6:9)
4. El término perezoso en hebreo bíblico
La palabra en hebreo donde se lee perezoso u holgazán es ˓aṣel. Solamente está en el libro de Proverbios y en 14 ocasiones. Ese término también se asocia con insensatez, de la cual la pereza sería una manifestación. Es decir, la pereza no es un asunto aislado. Es un reflejo de algo más.
4. La pereza en el Nuevo Testamento
Si uno se va al Nuevo Testamento, es preciso recordar la parábola de los talentos en Mateo 25 sobre la holgazanería. En ese caso, lo que se reprocha es la falta de actuación incluso en lo mínimo y advierte que el activo se lleva incluso lo del perezoso.
«Mas su señor le respondió: ‘Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quítenle, por tanto, el talento y dénselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.» (Mateo 25:26-29)
El término en griego para perezoso es oknēros, que también significa molesto o negligente. Cuando san Pablo habla de ejercicio de la caridad sin neglicencia (Romanos 12:9-13), usa la misma palabra (en Romanos 12:11). O sea que debe trabajarse sin pereza. Esa misma palabra (oknēros) la usa san Pablo en Filipenses 3:1 en su sentido de molestia. O sea que también tiene que ver con pereza la negligencia y la incomodidad a otros.
«Por lo demás, hermanos míos, alégrense en el Señor. Volver a escribirles las mismas cosas, a mí no me es molestia, y a ustedes les da seguridad.» (Filipenses 3:1, resalté)
No le es oknēros («Το λοιπον αδελφοι μου χαιρετε εν Κυριω τα αυτα γραφειν υμιν εμοι μεν ουκ οκνηρον υμιν δε ασφαλες»).
5. La pereza debe evitarse en todo, en especial en cuanto tiene que ver con la vida cristiana
Siendo claro el llamado a no ser perezosos o molestos y en cambio, en especial en asuntos de la fe y la vida cristiana, pasamos a este llamado en la carta a los Hebreos:
«Deseamos, no obstante, que cada uno de ustedes manifieste la misma diligencia para la plena realización de la esperanza hasta el fin, y no sean indolentes, sino más bien imitadores de aquellos que, mediante la fe y la perseverancia, heredan las promesas.» (Hebreos 6:11-12)
Ese llamado a la actividad se observa por todas partes en el Nuevo Testamento.
«Así pues, queridos míos, de la misma manera que han obedecido siempre, no sólo cuando estaba presente sino mucho más ahora que estoy ausente, trabajen con sumo cuidado por su salvación, pues es Dios quien, por su benevolencia, realiza en ustedes el querer y el obrar.» (Filipenses 2:12-13)
O sea que hay que ser activos en la propia salvación porque ese es un reflejo de la acción de Dios. Eso explica que Jesús nos haya hecho un llamado a ser testigos, no a quedarnos quietos.
«(…) ustedes recibirán una fuerza, cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, y de este modo serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra».» (Hechos 1:8)
Entonces la pereza no es aceptable, ni aquella en las cosas cotidianas ni mucho menos en las de Dios.