Cuida tus palabras porque habrá que responder por ellas

Parte de ser hijos de Dios es controlar la lengua y las palabras.

Hagamos un viaje por la Biblia con algunos textos cuidadosamente escogidos sobre el deber de gobernar nuestra lengua y ser responsables con nuestras palabras. Todas las citas son de la Biblia de Jerusalén Latinoamericana BJL.

1. Que Dios nos ayude

Pidamos al Señor que nos ayude a cuidar nuestra lengua.

«Pon, Yahvé, en mi boca un centinela, un vigía a la puerta de mis labios»

(Salmo 141:3)

pues, como dice Jesús,

«Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado» .

(Mateo 12:37)

2. Ningún alimento nos contamina pero sí lo que sale de la boca

Jesús, enseña que el ser humano se contamina por sus propias palabras, no por lo que come.

«Luego llamó a la gente y les dijo: «Escuchen y entiendan. No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contamina al hombre.»»

(Mateo 15:11)

3. Toda palabra cuenta

El asunto es de tal calibre que Jesús señala que incluso las palabras dichas a escondidas cuentan.

«Porque cuanto dijeron en la oscuridad será oído a la luz, y lo que hablaron al oído en las habitaciones privadas será proclamado desde las azoteas. «

(Lc 12:3)

4. Los maestros serán juzgados con más severidad

Como hay que cuidar lo que decimos, los maestros serán más severamente juzgados.

«No quieran ser maestros muchos de ustedes, hermanos míos, sabiendo que tendremos un juicio más severo, pues todos caemos muchas veces. Si alguno no cae al hablar, ése es un hombre perfecto, capaz de refrenar todo su cuerpo.»

(Santiago 3:1-2a)

5. Mejor hablar poco

Entre más se hable, mayor es el riesgo de equivocarse. El control de la lengua es signo de sabiduría.

«El que mucho habla, mucho yerra; quien modera sus labios es sabio.»

(Proverbios 10:19)

La escucha es más importante que hablar. He aquí la regla de oro:

«Sé pronto para escuchar, y tardo en responder. Si sabes algo, responde a tu prójimo, si no, mano a la boca.»

(Eclesiástico 5:11-12)

6. Nuestras palabras son ventanas a nuestro corazón.

¿Quieres conocer a alguien? Pon atención a sus palabras.

«Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se cosechan uvas. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca.»

(Lucas 6:43–45)

7. La lengua tiene gran poder

Santiago resume así los riesgos de no controlar la lengua (lea el texto hasta el versículo 12 en su Biblia, aquí leemos solamente una parte):

«Si ponemos a los caballos frenos en la boca para que nos obedezcan, dirigimos así todo su cuerpo. Miren también las naves: aunque sean grandes y vientos impetuosos las empujen, son dirigidas por un pequeño timón adonde la voluntad del piloto quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño y puede gloriarse de grandes cosas. Miren qué pequeño fuego y qué bosque tan grande incendia.»

(Santiago 3:3-5)

Y es que

«Muerte y vida dependen de la lengua: el que la aprecia comerá su fruto.»

(Proverbios 18:21)

8. Dios nos libre de la lengua imprudente

Oremos para que el Señor nos proteja de la lengua venenosa:

«¡Líbrame, Yahvé, del labio mentiroso, de la lengua tramposa!»

(Salmo 120:2)

¿Cómo encaja lo anterior con el tema de no juzgar? Lo mismo. Máxima prudencia para no incurrir en error.

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