Sin conversión no hay salvación

La salvación, ganada por el sacrificio de Nuestro Señor, puede perderse.

Muchos creen que la misericordia de Dios es alcahueta y que por tanto toda conducta es irrelevante en últimas porque, y esa es la excusa más extendida, somos hijos de Dios, confundiendo que lo somos en al menos dos sentidos, uno de los cuales nos demanda SER hijos de Dios, comportarnos como Dios quiere. Sobre esto mi video.

No existe autorización a persistir en el pecado. Como dice san Pablo:

«Qué diremos, pues? ¿Que debemos permanecer en el pecado para que la gracia se multiplique? ¡De ningún modo! Los que hemos muerto al pecado ¿cómo seguir viviendo en él? «

Romanos 6:1–2 (BJL)

Por algo el sacramento de la reconciliación no se limita a la confesión, sino que debe incluir en cada uno el propósito de la enmienda y la contrición de corazón. El sacramento de reconciliación es por eso el sacramento de la conversión:

«1423. Se le denomina sacramento de conversión porque realiza sacramentalmente la llamada de Jesús a la conversión, la vuelta al Padre4 del que el hombre se había alejado por el pecado.»

Iglesia católica. (2001). Catecismo de la Iglesia Católica (p. 309). Libreria Editrice Vaticana.

Esa es la eral reconciliación con Dios, así que al sacramento también se le llama de la reconciliación.

«1424 final. Se le denomina sacramento de Reconciliación porque otorga al pecador el amor de Dios que reconcilia: “Dejaos reconciliar con Dios” (2 Co 5:20). El que vive del amor misericordioso de Dios está pronto a responder a la llamada del Señor: “Ve primero a reconciliarte con tu hermano” (Mt 5:24).»

Iglesia católica. (2001). Catecismo de la Iglesia Católica (p. 310). Libreria Editrice Vaticana.

También nos enseña el Catecismo de la Iglesia Católica que la conversión real es lo más importante. Por eso las obras exteriores no son muy importantes.

«1430 Como ya en los profetas, la llamada de Jesús a la conversión y a la penitencia no mira, en primer lugar, a las obras exteriores “el saco y la ceniza”, los ayunos y las mortificaciones, sino a la conversión del corazón, la penitencia interior. Sin ella, las obras de penitencia permanecen estériles y engañosas; por el contrario, la conversión interior impulsa a la expresión de esta actitud por medio de signos visibles, gestos y obras de penitencia.»

Iglesia católica. (2001). Catecismo de la Iglesia Católica (p. 311). Libreria Editrice Vaticana.

Si usted prefiere ir a la Biblia, puede tomar por ejemplo la parábola del padre amoroso, más conocida como la del hijo pródigo. Allí es evidente que el padre siempre está a la espera, pero es el hijo quien debe reconocer sus pecados y luego de arrepentirse puede ir a reconciliarse con su padre (Lucas 15:11-32).


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